Historia del papel higiénico: alternativas antes de su invención
Descubre qué usaban las civilizaciones antiguas como papel higiénico antes de su invención. Desde mazorcas hasta el tersorium romano.

¿Qué era el papel higiénico antes de su existencia?
La historia del papel higiénico es sorprendentemente reciente en la línea temporal de la humanidad. Durante miles de años, las civilizaciones utilizaron múltiples alternativas al papel higiénico que hoy consideramos imprescindibles. Estas soluciones, que varían según la geografía y la época, revelan la ingeniosidad de nuestros antepasados a la hora de resolver una necesidad básica.
La idea de que el papel higiénico siempre existió es errónea. De hecho, antes de que Joseph Gayetty comercializara las primeras hojas empaquetadas en 1857, la humanidad se las arreglaba con recursos naturales y materiales disponibles en cada región del planeta. Estas alternativas al papel higiénico nos permiten entender cómo evolucionó la higiene personal a lo largo de los siglos.
Los primeros intentos comerciales del papel higiénico
En 1857, Joseph Gayetty lanzó al mercado estadounidense lo que se considera el primer papel higiénico comercial. Sus hojas sueltas estaban impregnadas de aloe e incluían su nombre como marca de agua. El producto se anunciaba casi como un remedio farmacéutico capaz de prevenir hemorroides. Sin embargo, el papel higiénico no fue el éxito inmediato que muchos esperarían.
Durante décadas, en las letrinas estadounidenses continuó utilizándose papel de disponibilidad accidental: periódicos viejos, almanaques o catálogos de venta por correo. Reciclar estos materiales resultaba mucho más económico que adquirir papel especializado. Además, existía un factor cultural importante: la intimidad del asunto hacía que pocas personas estuvieran dispuestas a entrar en una tienda a solicitar papel específicamente para esta función.
El revolucionario invento del rollo perforado
La transformación llegó con la patente del rollo perforado. En 1871, Seth Wheeler de Albany, Nueva York, patentó el papel perforado en rollo, originalmente denominado "papel de envolver". Veinte años después, en 1891, registró una segunda patente que mostraba el rollo colgando por encima, la posición que hoy genera debates apasionados sobre la forma correcta de colocación.
Un cambio fundamental ocurrió desde 1890, cuando la Scott Paper Company comenzó a vender papel a los hoteles, otorgándole un aire de lujo y sofisticación. Esta estrategia comercial fue decisiva. Existía una razón práctica inmediata: con la llegada de las cañerías modernas, el musgo, los trapos y el papel de periódico atascaban constantemente las tuberías, generando costosas reparaciones. El papel higiénico especial se disolvía fácilmente, evitando estos problemas.
China y su avanzada tradición papelera
Mientras Occidente ignoraba las ventajas del papel higiénico, los chinos llevaban siglos de ventaja tecnológica. El papel se conocía en China desde el siglo II a.C., y la primera referencia documentada sobre su uso para higiene personal data del año 589. En ese año, el funcionario Yan Zhitui escribió que no se atrevía a usar con ese propósito papel que contuviera citas de los clásicos confucianos, consideradas sagradas.
El papel higiénico se convirtió en un producto de cierto prestigio en la corte imperial. En 1393, la dinastía Ming encargaba 720.000 hojas anuales para el consumo administrativo. La familia del emperador Hongwu disponía de sus propias existencias, más suaves y perfumadas, diferenciándose del papel corriente utilizado por el resto de la población.
Soluciones en la antigüedad romana y griega
Los romanos idearon el tersorium, un ingenioso dispositivo que consistía en un palo con una esponja en el extremo. Este instrumento se enjuagaba en agua con sal o vinagre, o directamente en canales de agua corriente que circulaban junto a las letrinas públicas. Sin embargo, algunos arqueólogos modernos cuestionan si realmente servía para limpieza personal o simplemente para mantener las instalaciones limpias.
Lo que sí está arqueológicamente comprobado es el uso de pessoi: fragmentos redondeados de cerámica, frecuentemente provenientes de ánforas rotas. Griegos y romanos utilizaban estas piezas para rasparse. Investigaciones modernas, como un artículo publicado en el BMJ en 2012, sugieren que el uso prolongado de estas cerámicas causaba irritaciones cutáneas y agravaba las hemorroides.
Materiales alternativos en culturas diversas
En las estaciones de la Ruta de la Seda, como Xuanquanzhi (en funcionamiento entre 111 a.C. y 109 d.C.), los arqueólogos descubrieron palos con tela envuelta en un extremo, todavía con restos de materia fecal. Un análisis publicado en 2016 identificó huevos de cuatro parásitos intestinales diferentes, incluyendo el trematodo hepático chino, que solo existe en zonas húmedas alejadas más de 1.500 kilómetros. Este hallazgo proporcionó la primera evidencia arqueológica de que los viajeros de la Ruta de la Seda propagaban enfermedades infecciosas.
En los barcos con espacios limitados y travesías de meses de duración, los marineros empleaban métodos peculiares. Según relatos históricos, se limpiaban con el extremo deshilachado de cuerdas o cabos que posteriormente dejaban colgando en el mar, donde el agua salada actuaba como mecanismo de lavado.
Recursos vegetales y naturales en América e islas del Pacífico
Las poblaciones de islas del Pacífico, particularmente en Hawái, utilizaban cáscaras de coco y conchas de moluscos como alternativas al papel higiénico. Estos materiales ofrecían textura rugosa y eran abundantes en el entorno geográfico.
En la América rural, donde el maíz era un cultivo abundante, las mazorcas desgranadas se convirtieron en el sustituto más accesible y económico durante siglos. Este recurso agrícola, después de ser utilizado para alimentación, tenía un segundo propósito funcional que evitaba el desperdicio total del material.
El rol del bidé en Europa occidental
En Europa, particularmente en Francia, surgió el bidé como alternativa de higiene personal. La primera referencia escrita a este mueble data de 1710, habiendo surgido a finales del siglo XVII. El bidé se popularizó especialmente en el sur del continente europeo, ofreciendo un método de limpieza mediante agua.
Retorno de alternativas en contextos modernos
Aunque el papel higiénico parece insustituible actualmente, su importancia se hizo evidente durante crisis puntuales. En marzo de 2020, durante los primeros días de la pandemia de COVID-19, las estanterías se vaciaron de papel higiénico en medio mundo. En España, una situación similar ocurrió el 28 de abril de 2025, durante el apagón nacional, cuando nuevamente faltó el producto.
Estos episodios llevaron a millones de personas a redescubrir alternativas. En Japón, donde la tecnología sanitaria experimentó un desarrollo excepcional, más del 80% de los hogares dispone actualmente de inodoros con bidé incorporado. Toto, la empresa que lanzó este invento en 1980, vio su penetración de mercado crecer de apenas 14% en 1992 a su situación actual. Aunque es improbable que las mazorcas regresen como opción, la historia del papel higiénico seguramente no ha escrito su capítulo final.
