Soto de la Barca: pueblo fantasma asturiano tras cierre térmico
Descubre la historia de Soto de la Barca, el pueblo abandonado junto a la central térmica de Narcea en Asturias que quedó vacío tras su cierre en 2020.

Un poblado industrial que desapareció con la fábrica
En Tineo, en el corazón de Asturias, existe un pueblo abandonado que se ha convertido en símbolo de la transición energética española. Este pueblo abandonado, conocido como Soto de la Barca, fue construido en 1965 exclusivamente para albergar a los trabajadores de la central térmica de Narcea. Con infraestructuras completas —cine, escuela, club social, piscina, consultorio médico y hasta parroquia— llegó a alojar a más de 500 vecinos durante su época de esplendor. Sin embargo, cuando la térmica cerró en junio de 2020, el pueblo se vació progresivamente, quedando como un recordatorio congelado del pasado industrial.
Orígenes y desarrollo del poblado industrial
La historia de Soto de la Barca comienza con el empresario Higinio González, quien en la década de 1960 concibió un ambicioso proyecto: construir una central térmica para aprovechar los depósitos de carbón del suroccidente asturiano y norte de León. La empresa Naturgy inició operaciones comerciales en 1965, trayendo consigo la construcción de un poblado modelo. El diseño corrió a cargo del reconocido arquitecto Ramón Vázquez Molezún, quien proyectó un espacio completo con viviendas unifamiliares para técnicos y bloques de apartamentos para obreros. En su momento de máximo esplendor, la instalación empleaba a 250 personas directamente.
La central térmica de Narcea experimentó un crecimiento considerable durante las décadas siguientes. Se ampliaron sus instalaciones en 1969 y nuevamente en 1984, llegando a contar con tres grupos generadores. En el año 2000 alcanzó su récord histórico de producción, generando 3.855 GWh de electricidad anuales, suficiente para abastecer a cientos de miles de hogares. Para ese entonces, contaba con dos parques de almacenamiento que guardaban 120.000 toneladas de carbón.
El declive progresivo de la actividad industrial
A partir de los años 80, la central térmica de Narcea comenzó a experimentar un declive gradual. Sucesivos cambios de propiedad trajeron consigo recortes de personal que afectaron tanto al pueblo como a sus habitantes. La producción energética disminuyó significativamente: de los 3.855 GWh que generaba en 2000, para 2014 apenas alcanzaba los 916 GWh anuales. Esta caída en la rentabilidad presagiaba el cierre que llegaría años más tarde.
El proceso de clausura comenzó oficialmente en 2016 cuando se autorizó el cierre del primer grupo generador. Dos años después, en diciembre de 2018, Naturgy solicitó formalmente el cierre de los grupos restantes, alineándose con decisiones similares en otras plantas como La Robla y Meirama. En junio de 2020, la central térmica de Narcea se desconectó definitivamente de la red eléctrica, marcando el fin de más de cinco décadas de operación continua.
Impacto económico y destrucción de empleo
El cierre de la central térmica resultó devastador para el territorio. En el momento de la desconexión, la instalación contaba con 81 empleados directos y 48 trabajadores de empresas auxiliares. Según las estimaciones locales, la cifra total de empleos destruidos en todo el concejo rondaría los 180 puestos de trabajo. La desaparición de la industria provocó un éxodo masivo de población hacia el centro de la región, dejando el pueblo abandonado prácticamente vacío.
En 2022, casi dos años después del cierre, la zona carecía aún de un plan alternativo de desarrollo económico. La mayoría de la parcela donde se asienta el pueblo presentaba problemas adicionales: clasificada como zona inundable, cualquier proyecto futuro requeriría intervenciones costosas de mitigación de riesgos.
Intentos de rehabilitación y sus fracasos
Con el objetivo de impulsar la reconversión de zonas afectadas por el cierre de centrales térmicas, en abril de 2023 el Instituto para la Transición Justa aprobó una asignación de 3,5 millones de euros para rehabilitar Soto de la Barca. El proyecto incluía la restauración de 14 viviendas unifamiliares y la creación de un cohousing colaborativo, siendo la primera iniciativa de este tipo impulsada por un ayuntamiento español. La propuesta obtuvo la puntuación más alta entre todos los proyectos presentados en el concurso nacional.
Sin embargo, los planos no se materializaron. El gobierno municipal que asumió responsabilidades en junio de 2023 descubrió que los plazos ya estaban comprometidos: los proyectos no se licitaron hasta septiembre, mucho más tarde de lo previsto. Se requerían dos proyectos separados: uno para reformar las viviendas y otro para urbanizar el poblado. El segundo nunca llegó a presentarse, la empresa adjudicataria se retiró y el concurso quedó desierto. En 2025, el Ayuntamiento devolvió los 3,5 millones sin haber ejecutado prácticamente nada.
Desmantelamiento de la instalación industrial
Mientras los planes de rehabilitación se estancaban, avanzaba el desmantelamiento de la central térmica. Naturgy obtuvo los permisos correspondientes en marzo de 2022 y el proceso comenzó gradualmente. El 20 de diciembre de 2023 se llevó a cabo la voladura de la icónica torre de refrigeración, evento que marcó el 60% de avance del desmantelamiento. En febrero de 2024, la Administración autonómica anunció planes para construir un polígono empresarial en los terrenos liberados. En septiembre del mismo año, una segunda voladura eliminó los restos estructurales de la fábrica. Naturgy también presentó un proyecto para rectificar el cauce del río Narcea y proteger la parcela contra futuras inundaciones. El desmantelamiento se concluyó finalmente en octubre de 2025.
La situación actual del pueblo abandonado
En la actualidad, Soto de la Barca cuenta únicamente con 24 residentes censados. Las estructuras —chalets y bloques de apartamentos— permanecen en pie pero visiblemente degradadas, con signos evidentes de humedad, grietas en fachadas y vegetación invasiva cubriendo las paredes. En el interior de las viviendas y locales comerciales aún persisten objetos olvidados: equipo médico, ropa, pupitres escolares, libros y recuerdos personales, todo desordenado como en una evacuación precipitada, semejante al escenario de una película de zombis.
Desde el inicio del desmantelamiento, los robos y actos vandálicos no han cesado. En 2024 desapareció el busto de bronce de Higinio González que presidía la entrada principal. Los vecinos restantes retiraron preventivamente las campanas de cobre de la iglesia para evitar su sustracción. En junio de 2026, una de las puertas del templo amaneció rota. Tras dos robos de cableado eléctrico, el párroco decidió dejar la iglesia sin iluminación para disuadir futuros actos de hurto.
Propuestas de futuro y paralelos históricos
Desde la comunidad académica se ha planteado una alternativa: Rubén Domínguez, investigador de la Universidad de Oviedo, aboga por una rehabilitación integral que respete el diseño original del poblado. Su argumento es que, una vez habitado y funcional nuevamente, el conjunto adquiriría valor por sí mismo. La prensa local ya ha comenzado a compararlo con Perlora, en Carreño, otro complejo abandonado que se ha convertido en icono de los pueblos fantasma asturianos.
Existen precedentes similares en otras regiones españolas. Perlora, construida en 1954 como ciudad balnearia sobre 20 hectáreas con 274 edificios, cerró en noviembre de 2006. A Paicega, que alojaba a obreros de la presa de Salime con escuela, cantina y peluquería propia, se encuentra completamente deshabitada. El caso más extremo está en Japón: Hashima alcanzó 5.259 habitantes en 1959 y extrajo 15,7 millones de toneladas de carbón entre 1891 y 1974. Cuando Mitsubishi cerró la mina en enero de 1974, el último residente partió el 20 de abril, vaciándose la isla en poco más de tres meses. En 2015, Hashima fue incluida en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.
Otras centrales térmicas y planes alternativos
La situación de Soto de la Barca contrasta con la de otras instalaciones similares. La central térmica de La Robla, también de Naturgy, empleaba a 300 personas cuando cesó operaciones en julio de 2020 tras casi cinco décadas de funcionamiento. Su desmantelamiento tiene un presupuesto de 12,9 millones y cuenta con un proyecto alternativo: en colaboración con Enagás, se proyecta la construcción de una planta de hidrógeno verde de 485 millones de euros y 280 MW. Aunque inicialmente se preveía su arranque para 2026, no hay noticias de que haya comenzado. En febrero de 2024, el consejero delegado de Naturgy reconoció públicamente que ninguna decisión final de inversión en hidrógeno renovable se materializa según lo previsto.
En Narcea, el 29 de julio se adjudicó el proyecto del nudo de red a 400 kV a La Barca Energía, que plantea una central hidroeléctrica de bombeo de 320 MW con una inversión superior a 400 millones y generación de hasta 289 empleos durante al menos 12 años. Sin embargo, este proyecto representa más un aprovechamiento de la capacidad de conexión liberada que una solución para el pueblo: apenas 30 personas trabajarán en el desmantelamiento, y solo una residiría en Tineo.
Reflexión final sobre la transición energética
La historia de Soto de la Barca representa los desafíos reales de la transición energética española. Mientras la política energética nacional avanza hacia la descarbonización, territorios enteros quedan rezagados, sus estructuras sociales y económicas colapsadas. El pueblo abandonado permanece en octubre de 2026 sin un proyecto concreto definido, a la espera de decisiones que quizá nunca lleguen. Sus casas vacías, sus calles silenciosas y sus servicios públicos en ruinas son testimonios de una modernización incompleta, donde el progreso en unos sectores produce devastación en otros, y donde los mecanismos de transición justa, aunque bien intencionados, no siempre logran cumplir su propósito.
