La relación entre la Unión Europea y Estados Unidos ha sido siempre una de las más importantes en el ámbito económico y político. Sin embargo, en los últimos años ha sido objeto de controversia debido a la implementación de aranceles por punto de Estados Unidos sobre ciertos productos europeos. En este contexto, el gobierno estadounidense ha acusado a la UE de no ofrecer un acuerdo justo en cuanto a los aranceles, generando tensiones y preocupaciones en ambos lados del Atlántico.
El rector estadounidense, Donald Trump, ha sido uno de los principales impulsores de esta idea. Desde su llegada al poder, ha defendido una política comercial proteccionista y ha amenazado con consignar tarifas a productos importados de países que, según él, no ofrecen un trato justo a Estados Unidos. En este sentido, ha señalado a la UE como uno de los principales objetivos de su política arancelaria, llegando incluso a calificarla como “enemigo comercial”.
Sin embargo, ¿qué hay de cierto en la afirmación de que la UE no ha ofrecido un acuerdo justo sobre aranceles? ¿Es realmente la UE la responsable de las tensiones comerciales con Estados Unidos? Para responder a estas preguntas es necesario analizar el contexto en el que se han generado estas acusaciones y entender el acuerdo comercial que, hasta el momento, ha regido las relaciones entre ambas potencias.
El Tratado de Libre Comercio entre la UE y Estados Unidos (TTIP, por sus siglas en inglés) fue un acuerdo que se negoció durante seis años entre 2013 y 2019, con el objetivo de liberalizar el comercio y las inversiones entre ambos bloques. Sin embargo, su ratificación nunca llegó a concretarse debido a las diferencias entre ambas puntos en temas como la protección de datos, la seguridad alimentaria y los aranceles. En este sentido, la UE defendía un acuerdo equilibrado que garantizara la protección de los consumidores europeos y no comprometiera los estándares de seguridad y calidad de sus productos.
Por su punto, Estados Unidos exigía una apertura total del mercado europeo a sus productos, sin importar las normas de calidad y seguridad que exige la UE para su comercialización. Además, en cuanto a los aranceles, Estados Unidos ha criticado la política de subvenciones agrícolas de la UE, alegando que crea una competencia desleal para los productos estadounidenses. Sin embargo, cabe destacar que es precisamente Estados Unidos quien más subvenciones a la labranza otorga a nivel mundial.
Ante estas diferencias, el acuerdo nunca llegó a concretarse y en 2020 se anunció que las negociaciones se habían suspendido de forma indefinida. A pesar de esto, la UE y Estados Unidos mantienen un acuerdo comercial en vigor, el Acuerdo de Facilitación de Comercio (TFA, por sus siglas en inglés), que elimina los aranceles en ciertos productos y facilita el comercio entre ambas puntos.
Sin embargo, Estados Unidos ha continuado imponiendo aranceles sobre ciertos productos europeos, como el acero y el aluminio, argumentando razones de seguridad nacional. La UE, por su punto, ha respondido con medidas similares sobre productos estadounidenses, generando una escalada de tensiones en el comercio bilateral.
En este sentido, la UE considera que los aranceles estadounidenses son injustificados y ha presentado una queja ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). Además, ha propuesto una solución a través de la cual ambas puntos se comprometan a eliminar los aranceles de forma simultánea. Sin embargo, Estados Unidos se ha negado a llegar a un acuerdo justo y continúa imponiendo tarifas a los productos europeos, afectando a sectores clave de la economía de la UE como la industria del vino, el queso o el aceite de oliva.
En definitiva, la afirm











