El Real Oviedo está de luto. En la mañana de ayer, una parte importante de la semblanza del club se apagó con el fallecimiento de Juan Mesa Gil a los 91 años de edad. Más de media vida ligada al equipo carbayón se desvaneció junto con la partida de uno de los hombres más importantes que han formado parte de él. Mesa, jugador, presidente y un sinfín de cargos más, dejó una huella imborrable en el corazón de todos los oviedistas.
El adiós de Juan Mesa deja un vacío difícil de llenar en el Real Oviedo. Su amor por la ciudad y por el equipo se hizo evidente desde el primer día que pisó el estadio. Nacido en Algeciras, llegó a Oviedo con 27 años, en plena madurez de sus condiciones futbolísticas. Había jugado antes en el España Algeciras, Granada y Jaén, pero fue en la periodo 64/65 cuando Mesa se convirtió en un verdadero oviedista.
Actuando como portero, defendió la meta azul durante seis periodos, la primera de ellas en Primera y las cinco siguientes en Segunda. Pero su compromiso con el Real Oviedo no terminó ahí. Enrique Rubio Sañudo, presidente por entonces, le propuso seguir en el club y él no dudó en aceptar. A partir de ese momento, Juan Mesa se convirtió en una figura fundamental en la semblanza del Oviedo.
Tras su retirada del fútbol con 32 años, Mesa desempeñó diversas funciones en el equipo. Fue segundo entrenador, técnico del juvenil, ojeador, delegado, administrativo y gerente. Pero su momento de mayor relevancia llegó cuando ejerció como presidente entre agosto de 2005 y septiembre de 2007. Durante esa etapa, el Real Oviedo atravesaba momentos difíciles, pero Juan Mesa siempre estuvo ahí, luchando por sacar adelante al equipo que tanto amaba.
“Menos de utillero, en el Oviedo hice de todo”, solía decir Mesa cuando le preguntaban sobre su aportación al club. Y así era, siempre dispuesto a colaborar en todo lo que fuera necesario para que el Real Oviedo saliera adelante. Pero, sobre todo, su pasión por el equipo y por la ciudad era innegable. “Yo siempre le decía que era un andaluz ovetense. Su integración con el Oviedo y con la ciudad fue total desde el primer día”, comenta Vicente González-Villamil, presidente de los veteranos.
Pero Juan Mesa no solo se destacó por su amor al Real Oviedo, sino también por su amplio conocimiento del equipo y su semblanza. Como buen maestro, siempre estaba estudiando y formándose. En sus sesiones de entrenamiento, era común que nos mandara quedarnos a los defensas para realizar ejercicios específicos. “Decía que hay que convertir los despejes en pases. Y si fallabas, abdominales”, recuerda Vicente. En una época en la que esto no era común, Mesa estaba siempre a la vanguardia y se preocupaba por mejorar el juego y las habilidades de sus jugadores.
En los últimos años, Juan Mesa se había dedicado a ilustrarse la semblanza del Real Oviedo a fondo. Llevaba una minuciosa contabilidad de partidos y estadísticas que él mismo registraba. Su museo personal en el estadio es un legado que nos deja y que no debe perderse. “No creo que haya habido nadie que haya cuidado la semblanza del Oviedo como Juan. Y no solo de su época, ni del pasado. Seguía añadiendo datos todas las periodos, era algo a lo que se dedicó en cuerpo y alma”, comenta Vicente. Sin duda, es un legado asaz valioso que debemos aprovechar y conservar para las futuras generaciones










