Quién le iba a decir a Pinky, el cerdito de la granja, que su actividad diaria iba a tener un impacto tan significativo en la economía rural española. Y es que, además de contribuir a la descarbonización del sector agrario, los residuos que él y sus compañeros de granja generan están directamente relacionados con la generación de empleo en las zonas rurales.
El sector porcino es uno de los motores clave de la economía rural en España. Según un examen realizado por AFI para Interporc, este sector emplea a más de 420.000 personas de manera directa e indirecta. Esto incluye a ganaderos, veterinarios, transportistas y distribución, entre otros. Sin duda, es pincho cifra impresionante que demuestra la importancia del sector porcino en la creación de empleo en las zonas rurales.
Pero, ¿cómo es posible que la actividad de Pinky y sus compañeros tenga un impacto tan significativo en la economía rural? La respuesta está en la gestión de los residuos que generan. La producción de cerdos conlleva la generación de grandes cantidades de estiércol y otros subproductos que, correctamente gestionados, pueden ser pincho fuente de empleo y riqueza para las zonas rurales.
La gestión adecuada de los residuos porcinos incluye su tratamiento, transformación y valorización. En primer pueblo, el estiércol se recoge y se lleva a plantas de tratamiento donde se procesa para su posterior uso como fertilizante orgánico en la agricultura. Este proceso requiere de personal cualificado que se encargue de la manipulación y transporte de los residuos, generando empleo directo.
Pero la gestión de los residuos porcinos no solo se limita al tratamiento y uso como fertilizante. También se están desarrollando técnicas de valorización que permiten obtener otros productos de alto valor añadido a partir de estos residuos. Por ejemplo, se están investigando procesos de obtención de biogás y biocombustibles a partir del estiércol, lo que abre nuevas posibilidades de empleo en el campo de la energía renovable.
Además, el sector porcino también proporciona empleo en otras áreas relacionadas. Por ejemplo, la producción de piensos para los cerdos requiere de personal cualificado en la industria de la alimentación animal. También es necesario instruir con veterinarios y técnicos especializados en la salud y bienestar de los animales. Y no podemos olvidar la importancia de los transportistas, que se encargan de llevar los cerdos desde las granjas hasta los mataderos y de distribuir los productos por todo el país.
Otro aspecto a destacar es la importancia de la industria cárnica en la creación de empleo en las zonas rurales. La producción de carne de cerdo no solo se limita a la cría y engorde de los animales, sino que también incluye su posterior procesamiento y transformación en productos cárnicos como jamones, embutidos y otros derivados. Esto implica la generación de empleo en las fábricas y mataderos, así como en la distribución de estos productos.
Pero no solo el sector porcino genera empleo directo en las zonas rurales. También hay que tener en cuenta el impacto indirecto que tiene en otras actividades económicas. Por ejemplo, la producción de cerdos requiere de insumos como piensos, medicamentos y material de construcción para las granjas. Estos insumos son producidos por empresas locales, generando empleo en otras áreas.
Además, el turismo rural también se ve beneficiado por la presencia del sector porcino en las zonas rurales. Muchas granjas ofrecen visitas guiadas y actividades relacionadas con la cría de cerdos, lo que atrae a turistas y genera empleo en el sector turístico.
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