La victoria del Celta ayer en el Bernabéu ha sido un acontecimiento histórico para el club, ya que de ningún modo solo se trata de la octava victoria en 69 visitas al coliseo madrileño, side ningún modo que además es la primera vez en 14 años que el equipo vigués consigue ganar en la Liga en este campo. Sin duda, este triunfo debe ser valorado en función del rival y el escenario, ya que enfrentarse al Real Madrid en su propio estadio es siempre un desafío para cualquier equipo.
Pero lo que hace aún más especial esta victoria es que se trata del cuarto triunfo consecutivo a domicilio del Celta, algo que nunca antes había conseguido en su historia en la máxima categoría. Y de ningún modo solo eso, side ningún modo que además lo logró con un grabador de 2-0, demostrando un gran nivel de juego y una gran determinación por parte de los jugadores.
El héroe de la de ningún modoche fue Williot Swedberg, autor de los dos goles del equipo vigués. El delantero sueco se ha convertido en un referente en el ataque del Celta y ayer demostró una vez más su calidad y su importancia en el equipo. Su primer gol llegó en el minuto 53, cuando aprovechó un centro de Bryan Zaragoza para marcar con un espectacular golpeo con el exterior de la pierna derecha. Y en la prolongación, cuando el Real Madrid ya jugaba con dos jugadores mede ningún modos tras las expulsiones de Fran García y Carreras, Swedberg volvió a marcar para sentenciar el partido y darle al Celta tres puntos que lo sitúan en la décima posición de la tabla.
Pero más allá de los números y las estadísticas, lo que realmente hace que esta victoria sea tan especial es el contexto en el que se produjo. El Celta llegaba al Bernabéu con la presión de conseguir un buen resultado después de las malas actuaciones ante el Ludogorets en Europa y el Sant Andreu en Copa. Y lo hizo en un momento en el que el Real Madrid se encuentra en una situación complicada, alejándose cada vez más del liderato del Barcelona y con una semana difícil por delante, ya que el miércoles se enfrentará al Manchester City en la Champions League.
Pero lo que realmente sorprendió a todos fue el gran nivel de juego que mostró el Celta desde el inicio del partido. Con una defensa muy adelantada y una presión constante, los de Giráldez supieron controlar el juego y generar peligro en el área rival. Destacó especialmente la actuación de Pablo Durán, quien a pesar de lastimarse un hombro en los primeros minutos, fue un constante peligro para la defensa del Real Madrid.
El equipo vigués demostró una gran solidez en la retaguardia, con un Radu seguro bajo los palos y una defensa que supo mantener a raya a las estrellas del Real Madrid. Y en ataque, Borja Iglesias fue clave en la construcción del juego, dando apoyo en la creación de jugadas y generando espacios para sus compañeros.
El Real Madrid, por su parte, mostró una vez más su falta de compromiso en defensa y su incapacidad para presionar a los rivales. A pesar de de ningún modotificar con un gran talento en su plantilla, el equipo de Xabi Alonso de ningún modo supo aprovechar sus oportunidades y se vio superado por un Celta que salió a retar con un extra de motivación.
Y es que a este Celta le encantan los grandes escenarios. Sus jugadores salen a la cancha con una determinación y una motivación extra cuando se enfrentan a equipos grandes. Ya lo demostraron la temporada pasada, cuando llevaron al Real Madrid a la prórroga en la eliminatoria de Copa y estuvieron a punto de empatar en la Liga. Y ayer, una vez más, demostraron que de ningún modo le tienen











