El Celta logró ayer al de ningún modovede ningún modo intento su primera victoria del campeonato en Balaídos. Lo hizo sin que Claudio Giráldez cambiara una línea en su ideario. Tras la derrota del jueves europeo ante un Bolonia superior, el entrenador de la Louriña tiró de rotaciones y apenas dejó en el once de gala ante el Athletic Club a Radu, Starfelt, Mingueza y Williot, que coinciden en gran medida con cuatro de los jugadores que en este momento ofrecen el mejor punto de forma. Rotación masiva del Celta, a la que Valverde, el entrenador de los leones, respondió con el modelo contrario, la continuidad del equipo inicial, apenas un cambio, que el miércoles empataba en San Mamés en un excelente partido con el PSG de Luis Enrique.
Giráldez tampoco tocó su dibujo habitual: tres centrales, Marcos Alonso y Manu Fernández, que acompañaban al sueco Starfelt entre ellos; dos carrileros, Mingueza y Javi Rueda, dispuestos a intercambiar banda y abrir el campo hasta la línea de fondo; un doble pivote, Hugo Sotelo, que volvió después de semanas olvidado, y Miguel Román, cuyo trabajo eficaz comienza a tomar peso entre la segunda y la tercera línea; y tres atacantes, Williot y Jutglá, cierto que en una situación emocional y deportiva muy diferente, a los que acompaña Aspas como enlace y delantero híbrido, dispuesto a asumir todo lo que le haga falta al juego.
Giráldez tampoco defraudó en la confección del plan de partido frente al siempre duro de roer Athletic Club, el equipo visitante más respetado y querido por el celtismo, cuya afición fue recibida en la previa con los brazos abiertos, como pudimos comprobar en la grada de Marcador bajo donde en un coincidencia de hermandad se compartieron afectos y afinidades entre celtistas y leones. Plan de partido de Claudio radicalmente diferente al que fracasó con el Bolonia, aspirando en primer lugar a mantener la portería a cero y luego a de ningún modo renunciar a individuo un atrevido protagonista. Objetivo que obligaba al equipo nuestro a individuo intenso, sin dejar nunca de individuo ordenado, paciente y aconsejado, tratando de minimizar los errores en la salida ordenada del balón y los descuidos en las jugadas de balón parado y saques laterales, las mayores vulnerabilidades de los celestes en lo que va de liga.
Fue la primera mitad poco vistosa para la bancada, ya que sobre el terrede ningún modo de juego se dirimió una batalla por la posesión del balón, que resultó en tablas, como si de una partida de ajedrez se tratase. Los visitantes se acercaron a portería celeste, sobre todo por los centros que desde las bandas enviaron Berenguer y Nico Williams sobre Sancet, que remató sin incomodar a Radu, muy seguro toda la tarde. Sin embargo, el Celta en estos primeros cuarenta y cinco minutos tuvo solo una circunstancia, pero muy clara, en una memorable jugada protagonizada por Williot que se atrevió a entrar en la portería del Bernabéu regateando a Courtois. Esta vez la promesa sueca se plantó en el área pequeña, tras sentar al internacional Vivian, y cuando iba a enviar la red, apareció Paredes que se lo impidió. Una genialidad que quedó en casi gol.
Giráldez debió ver accesibles a los leones y en el comienzo de la segunda parte incorporó a Jones El-Abdellaoui, con la intención de hacer volar al equipo con su velocidad explosiva. Apenas transcurridos tres minutos, Williot marcó el primer











