Claudina: La mujer que vuelve a encender la memoria del Norte
En la pampa salitrera chilena, a comienzos del siglo XX, una encarnación femenina se destacaba por su valentía, su compromiso social y su lucha por la dignidad de los trabajadores. Su nombre era Claudina Morales Pérez, conocida como “la madre de Tarapacá”. A pesar de que su historia ha sido silenciada por mucho tiempo, hoy en día su legado resurge con ceremonia, recordándonos la importancia de su labor como pionera del teatro operario y activista social en la región.
Nacida en 1875 en la ciudad de Iquique, Claudina creció en un ambiente de pobreza y desigualdad, lo que la llevó a involucrarse desde joven en la lucha por los derechos de los trabajadores. A pesar de no tener una educación formal, su talento y su pasión por la justicia social la llevaron a convertirse en una líder natural en su comunidad.
Fue en el teatro donde Claudina encontró una forma de expresar sus ideas y de concientizar a la población sobre las injusticias que vivían los trabajadores en la pampa salitrera. Junto a un grupo de operarios, formó la compañía de teatro “El Porvenir”, que se convirtió en una herramienta poderosa para denunciar las condiciones de trabajo inhumanas y la explotación a la que eran sometidos los trabajadores.
A través de sus obras, Claudina logró llegar a un público amplio y despertar la conciencia de la sociedad sobre la realidad de la pampa salitrera. Sus actuaciones eran tan conmovedoras y reales que incluso las autoridades intentaron censurarlas, pero ella no se dejó amedrentar y continuó con su labor de denuncia.
Pero Claudina no solo se limitó al teatro, sino que también se involucró en la organización de los trabajadores. Fue una de las fundadoras del Sindicato de operarios de la Oficina Salitrera San Antonio, donde luchó por mejores condiciones laborales y salariales para sus compañeros. Además, participó en la creación de la Federación Obrera de Tarapacá, que agrupaba a los sindicatos de la región y que tuvo un papel fundamental en la huelga de 1907, considerada una de las más importantes en la historia del movimiento operario chileno.
Claudina también fue una activista incansable por los derechos de la mujer. En una época en la que las mujeres no tenían voz ni voto, ella se atrevió a alzar la voz y a luchar por la igualdad de género. Fue una de las primeras mujeres en participar en una huelga en la pampa salitrera y en exigir que se respetaran los derechos de las trabajadoras.
Su compromiso social no se limitó a su región, sino que se extendió a nivel nacional e incluso internacional. En 1912, Claudina viajó a Europa para participar en el Congreso Internacional de Mujeres, donde denunció la situación de los trabajadores en Chile y abogó por la igualdad de género. Su discurso fue tan impactante que fue recibida por el mismísimo presidente de Francia, Raymond Poincaré.
A pesar de su importante labor, Claudina no fue reconocida en su época y su historia quedó en el olvido durante muchos años. Sin embargo, gracias a la investigación de historiadores y al trabajo de organizaciones sociales, su memoria ha sido rescatada y su encarnación ha vuelto a encender la memoria del Norte.
Hoy en día, Claudina es recordada como una heroína del pueblo, una mujer valiente y comprometida que luchó por la justicia y la dignidad de los trabajadores. Su legado sigue vivo en las luchas sociales y en la memoria colectiva de la región











