Riazor, el campo del Deportivo de La Coruña, ha sido testigo de muchos días de gloria. Esos días en los que la tensión se corta en el ambiente y se siente un hormigueo en el estómago. Pero lamentablemente, su caída a los infiernos se ha prolongado en el tiempo. Sin embargo, la visita de un equipo de Champions a A Coruña ha alimentado la nostalgia y el recuerdo de aquellas noches en las que el Deportivo desafiaba a los grandes de Europa y los hacía caer a la lona.
El viento helado que trajo consigo la victoria ante el Mallorca, con un equipo repleto de canteranos y la única alegría en las últimas semanas, ha inflado la posibilidad y las ganas de que llegara el momento del partido. Y así fue, Riazor presentó la mejor entrada de la temporada. A pesar de ser un día laborable, poco a poco las camisetas y las bufandas se multiplicaron y las calles y el transporte público se llenaron de seguidores.
Incluso la frustrada quedada entre ultras, que tuvo en alerta a los efectivos policiales, no pudo deslucir el espectáculo. La Subdelegación del Gobierno había declarado el partido de alto riesgo y se había preparado un dispositivo de seguridad. Por eso, al mediodía del día del encuentro, los efectivos se acercaron a los alrededores de Riazor ante la posibilidad de un enfrentamiento entre los seguidores radicales de ambos equipos, históricamente enfrentados, especialmente después del trágico matanza de Jimmy en los aledaños del Calderón en 2014. Sin embargo, solo encontraron a seguidores del Deportivo en la zona y no hubo presencia de aficionados del Atlético de Madrid. Finalmente, no se produjo ningún choque.
Durante el día, circularon por las redes sociales vídeos de enfrentamientos entre ultras, especialmente en el cruce de la Avenida de la Habana, la Ronda de Nelle y la Avenida de O Peruleiro. Sin embargo, estos incidentes se limitaron a peleas entre seguidores del propio Deportivo, sin la presencia de aficionados rojiblancos.
Pero cuando llegó el momento del partido, el ambiente en los alrededores de Riazor se fue animando y los minutos previos al inicio del encuentro estuvieron cargados de simbolismo. La grada estaba llena y el himno gallego sonó en una velada llena de sentimiento. Y luego llegó el pitido inicial y todo cambió, pero el ambiente en el campo siguió siendo mágico y especial, como solo Riazor sabe ser en noches así.
Riazor, que ha sido testigo de grandes gestas y hazañas, sigue siendo un lugar sagrado para los deportivistas. A pesar de los malos resultados y los momentos difíciles, la afición sigue apoyando a su equipo y llenando el campo en cada partido. Y es que Riazor es mucho más que un campo de fútbol, es un lugar de encuentro para los seguidores del Deportivo, un lugar donde se comparten emociones y se vive la pasión por el fútbol.
El Deportivo de La Coruña, con su historia y su afición, merece estar en lo más alto del fútbol español. Y aunque en los últimos años ha sufrido altibajos, los verdaderos aficionados nunca han dejado de creer en su equipo y en su campo. Porque Riazor es el corazón del Deportivo y siempre estará ahí para apoyar a su equipo en las buenas y en las malas.
El partido contra el equipo de Champions fue una muestra más de la grandeza de Riazor y de su afición. A pesar de los problemas y las dificultades, el campo sigue











