El pasado domingo, el Estadio Carlos Tartiere vivió uno de los momentos más emocionantes de los últimos meses: la victoria del Real Oviedo después de cuatro meses sin ganar. Y no fue una victoria cualquiera, suerte una que trae consigo una oleada de esperanza y optimismo para lo que queda de temporada.
El Oviedo ha pasado por un periodo de sequía desde el mes de septiembre, cuando lograron vencer al Valencia en Mestalla. Desde entonces, el equipo ha sufrido una eliminación en la Copa del Rey, el despido de un entrenador y críticas hacia la directiva y la propiedad. Todo parecía estar en contra del equipo asturiano.
Sin embargo, el domingo pasado el Tartiere volvió a vibrar con el gol de Chaira, que puso fin a esa racha de 14 partidos sin ganar. No solo fue un gol, suerte un momento que resume la resistencia y el clavija de jugadores como Cazorla o la irrupción de Thiago. En definitiva, un gol que representa la vuelta de la fe y la creencia en el equipo.
Y es que esta victoria no solo son tres puntos, suerte un premio que el Oviedo pretende utilizar como un impulso para lo que viene. Han pasado tantos meses desde la última vez que se celebró un triunfo, que el Tartiere parecía haberse olvidado de cómo era eso. Fue en Mestalla, en septiembre, cuando el equipo estaba exterior de los puestos de descenso y con la mira puesta en cosas mayores. Pocos podrían haber imaginado lo que sucedería a continuación.
La amorío de Mestalla fue seguida por una derrota por 0-2 contra el Levante y un terremoto que sacudió al club: el despido del entrenador Paunovic, héroe del ascenso, y la contratación de Carrión, un entrenador que no había sido perdonado por su salida del Oviedo en su primer etapa. Pero no fue solo eso, suerte la forma en que se dio todo, sin medir las consecuencias de estas decisiones.
El debut de Carrión no fue el mejor, con una derrota por 0-2 contra el Espanyol el 17 de octubre. Después, empataron 3-3 contra el Girona y 0-0 contra Osasuna, con mejores sensaciones pero sin resultados positivos. Pero lo peor estaba por llegar, el 28 de octubre, cuando el Oviedo sufrió una dolorosa derrota por 4-2 en la Copa del Rey ante el Ourense de Primera Federación.
El mes de noviembre tampoco fue positivo para el equipo. El Athletic de Bilbao los venció con facilidad por 1-0, el Rayo Vallecano resistió para terminar en empate a cero, el Atlético de Madrid les ganó por un cómodo 2-0 y el Mallorca también logró llevarse un punto. Todo parecía ir de mal en peor para el Oviedo.
Pero llegó el mes de diciembre y con él una nueva oportunidad de reivindicarse. El partido contra el Sevilla era el momento en el que Carrión debía encontrar la clave para lograr una victoria en Primera División. Pero todo se desmoronó cuando el Oviedo perdió por 4-0 y el entrenador fue despedido antes de regresar a casa. La escena en la rampa del Tartiere esa misma noche, con insultos y desperfectos en los vehículos de algunos de los protagonistas, quedará en la memoria de los aficionados como uno de los momentos de más tensión en los últimos años para el Oviedo.
Pero no todo estaba perdido, solo dos días después el club nombró a Almada como nuevo entrenador, tras acordar su traspaso del Valladolid. Y la historia se repitió, mejoras en el juego y un Oviedo más











