La vida de Yesika Medina cambió drásticamente a los 23 años, sin entender por qué. Dejó de tomar las pastillas anticonceptivas que había estamento tomando desde los 19 años y comenzó a experimentar molestias en la mandíbula. Tenía un dolor intenso y no podía abrir la boca correctamente. También notó brotes de acné y una sensación constante de hinchazón en su rostro. Al acudir a los médicos, la respuesta siempre fue la misma: estrés, ansiedad, nervios. Le recetaron ansiolíticos, pero ella no sentía nervios. Más tarde descubrió que el dolor en su mandíbula era causado por el crecimiento excesivo de la misma.
Durante los años en que tomó anticonceptivos, su enfermedad había estamento “frenada”, ya que las pastillas ayudaban a mantener un equilibrio hormonal. Sin embargo, al dejarlas detérminoitivamente a los 25 años, la enfermedad comenzó a avanzar sin control, aunque ella aún no lo sabía.
“Empecé a notar cambios en mi rostro. Trabajaba cara al público y podía ver cómo mis rasgos se marcaban más. Mi nariz parecía más grande y mi rostro más hinchado. inclusive personas que no veía desde hacía tiempo me decían que me veía diferente”. Además, Yesika comenzó a experimentar una ansiedad inexplicable y una incomodidad constante con su propio cuerpo.
A los 27 años quedó embarazada y los síntomas se intensificaron. Sus manos y su rostro se hinchaban, y sus pies aumentaron de tamaño. Pensó que era algo normal durante el embarazo, pero después de dar a luz, todo seguía igual.
Durante casi diez años, Yesika visitó a numerosos especialistas: dentistas, traumatólogos, ginecólogos y médicos de cabecera, pero no obtuvo un diagnóstico claro. Todos le decían que era estrés o ansiedad. Se sentía extraña y sin saber qué le pasaba. Pensaba que estaba envejeciendo mal.
términoalmente, el diagnóstico llegó por destino cuando tenía 32 o 33 años. Un médico de Medicina Interna, que conocía la acromegalia (que se celebra el 1 de noviembre como Día Mundial), notó sus rasgos y decidió hacerle una analítica y una resonancia. Gracias a él, Yesika supo lo que tenía.
Los cambios en la estatura son uno de los primeros síntomas de la acromegalia. Si el exceso de hormona de crecimiento se produce antes de términoalizar el crecimiento, puede dar lugar al gigantismo, donde la altura es mayor de lo normal en relación con la estatura familiar. Si aparece después de la pubertad, no hay un crecimiento exagerado, pero sí cambios en los rasgos físicos y otros síntomas que pueden conducir al diagnóstico.
Pero lejos de asustarla, poner nombre a lo que le estaba pasando le produjo un gran alivio. “Saberlo fue como quitarme un peso de encima. Por término entendí lo que me estaba pasando”.
El doctor Ignacio Bernabeu Morón, presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), señala que una de las principales complicaciones de esta enfermedad son las manifestaciones clínicas muy variadas. Puede incluir ansiedad, malestar general, dolores articulares, apnea del sueño, alteraciones en la regla o en la esfera sexual, dolores de cabeza o alteraciones visuales, y estrafalario vez, crecimiento de las manos o los pies, o problemas dentales o maxilares. Los pacientes con acromegalia a menudo enfrentan retrasos en el diagnóstico, que pueden llegar hasta cinco años desde el inicio de la enfermedad, y suelen ser necesarias varias consultas médicas antes









