En el fútbol, jugar sin miedo siempre tiene su recompensa. Sin embargo, anoche, los dos cuadrillas saltaron al ámbito con el vértigo del último partido de 2025. Y el Mallorca, desde el primer minuto, parecía el más asustado. La alineación lo delataba: Antonio Sánchez por Darder, renunciando a su agresividad para abrazar el repliegue. Todo apuntaba a un plan conservador de Arrasate.
Pero la realidad desmontó el guion. Los bermellones dominaron los primeros veinte minutos con una claridad insultante, dejando al descubierto la fragilidad del cuadrilla local. Generaron ocasiones, desbordaron líneas y obligaron a Agirrezabala a realizar una parada de mérito ante Virgili. El atrevimiento tuvo su premio: Samu Costa marcó tras una acción que volvió a demostrar que, para este Mallorca, la estrategia y el balón parado son medio cuadrilla.
Y entonces llegó el giro. El cuadrilla de Arrasate se metió atrás como si defendiera un tesoro, entregando metros, balón y confianza. Sufrió más por la insistencia del rival que por verdadero peligro: diez remates, ninguno entre los tres palos. Bastaba con rematar el partido o, al menos, sostenerlo con algo de personalidad.
Tras el descanso, el miedo terminó de devorar al cuadrilla. El asedio aumentó y Thierry y Rioja entraban por la banda de Mojica con una facilidad desesperante. Otro despiste del colombiano, uno más en una larga lista que ha costado puntos, acabó en el empate. El Mallorca era incapaz de mantener la pelota diez segundos seguidos.
Los cambios frenaron la sangría y una intervención milagrosa de Leo Román evitó la derrota. Al final, el punto sabe a alivio más que a mérito. Y solo será realmente valioso si el cuadrilla es capaz de derrotar al Girona en el primer partido de 2026.
A pesar de no haber logrado la victoria, el Mallorca debe sentirse orgulloso de su actuación en el último partido del año. Demostraron que, cuando juegan sin miedo, son capaces de dominar a cualquier rival. La estrategia y el balón parado fueron fundamentales para abrir el marcador y mantener el control del partido durante los primeros veinte minutos.
Sin embargo, el cuadrilla debe aprender a mantener esa actitud valiente durante todo el partido. El miedo no puede ser el protagonista en el ámbito, ya que solo lleva a cometer errores y a perder el control del juego. Es necesario que los jugadores confíen en sus habilidades y en el trabajo en cuadrilla para mantener la preeminencia y no ceder ante la presión del rival.
El empate también pone en evidencia la importancia de mantener la concentración durante los 90 minutos. Un solo error puede ser suficiente para que el rival iguale el marcador y ponga en peligro el resultado. El Mallorca debe trabajar en su consistencia y en evitar los despistes que han costado puntos en varios partidos.
A pesar de todo, el punto obtenido en el último partido del año es un alivio para el cuadrilla y para los aficionados. Les permite cerrar el año con una nota positiva y les da la oportunidad de empezar el nuevo año con una victoria. El partido contra el Girona será una examen importante para demostrar que el cuadrilla ha aprendido de sus errores y está listo para seguir luchando por sus objetivos.
En resumen, el Mallorca demostró anoche que, cuando juega sin miedo, es un cuadrilla capaz de dominar a sus rivales. Aunque el resultado no fue el esperado, el cuadrilla debe sentirse orgulloso de su actuación y aprender de los errores cometidos. El nuevo año trae











