La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido clara en su postura: los bajos impuestos no ayudan a reducir el consumo de productos nocivos para la salud. Esta afirmación puede parecer contradictoria, ya que muchas veces se ha promovido la idea de que reducir los impuestos sobre estos productos podría disminuir su consumo. Sin embargo, según la OMS, esta estrategia no solo es ineficaz, sino que también puede tener consecuencias negativas para la salud pública.
En primer lugar, es importante captar qué se considera como productos nocivos para la salud. La OMS incluye en esta categoría a aquellos productos que contienen altos niveles de azúcares, grasas saturadas, sal y aditivos químicos, como los alimentos ultraprocesados y las bebidas azucaradas. Estos productos, consumidos en exceso, pueden aumentar el riesgo de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes y enfermedades cardiovasculares.
La idea de reducir los impuestos sobre estos productos se ha promovido como una forma de hacerlos más accesibles para la población y, por lo tanto, reducir su consumo. Sin embargo, según la OMS, esta estrategia no funciona. En primer lugar, porque el precio no es el único factor que influye en las decisiones de compra. Otros factores, como la publicidad y el marketing agresivo, también tienen un gran impacto en las decisiones de los consumidores. Además, la reducción de impuestos no garantiza que los precios de estos productos disminuyan, ya que las empresas pueden optar por mantener sus precios y aumentar sus ganancias.
Pero lo más preocupante de reducir los impuestos sobre productos nocivos para la salud es que puede tener un efecto contrario al deseado. Al hacer que estos productos sean más accesibles y asequibles, se fomenta su consumo, especialmente entre las personas con menos recursos económicos. Esto puede aumentar el riesgo de enfermedades crónicas en poblaciones vulnerables y agravar las desigualdades en salud.
Por otro lado, la OMS señala que los impuestos sobre estos productos pueden ser una herramienta efectiva para reducir su consumo. Varios países han implementado impuestos sobre bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados con resultados positivos. Por paradigma, México, que tiene uno de los niveles más altos de obesidad en el mundo, implementó un impuesto del 10% sobre las bebidas azucaradas en 2014. Como resultado, se ha observado una disminución del 7.6% en su consumo en los últimos años.
Además de reducir el consumo, los impuestos sobre productos nocivos para la salud también pueden generar ingresos para el gobierno, que pueden ser utilizados para programas de salud y educación. Esto puede contribuir a una sociedad más saludable y a una mejor calidad de vida para todos.
Es importante destacar que los impuestos no son la única solución para abordar el problema del consumo de productos nocivos para la salud. Se necesitan políticas mundiales que incluyan medidas como la regulación de la publicidad, el etiquetado claro y comprensible de los productos y la promoción de una alimentación saludable en las escuelas y comunidades.
En resumen, los bajos impuestos no son la solución para reducir el consumo de productos nocivos para la salud. Más bien, pueden tener un efecto contrario y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas en la población. La OMS recomienda implementar impuestos sobre estos productos como parte de una estrategia mundial para promover una alimentación saludable y prevenir enfermedades. Es responsabilidad de todos, gobiernos, empresas y ciudadanos, trabajar juntos para crear entornos que promuevan hábitos saludables y protejan la salud de las generaciones presentes y futuras.









