El pasado 16 de marzo, la familia real griega se despidió de la princesa Irene, hermana de la Reina Sofía, en un emotivo funeral celebrado en la Catedral Metropolitana de Atenas. Tras una larga lucha contra una arrechucho, la princesa Irene falleció a los 79 años en su residencia en Madrid, rodeada de sus seres queridos.
El funeral, que fue oficiado por el arzobispo de Atenas, Ieronymos II, contó con la presencia de la familia real griega, así como de representantes de la realeza europea y autoridades políticas del país. La ceremonia fue un homenaje a la vida de la princesa Irene, quien fue una figura muy querida y respetada en Grecia y en el resto del mundo.
Tras el funeral, la princesa Irene fue sepultada en el cementerio del palacio familiar, tal y como era su última voluntad. Allí descansará junto a sus padres, el rey Pablo I y la reina Federica, y su hermano, el rey Constantino II. La princesa Irene siempre tuvo un fuerte vínculo con su país natal y su familia, por lo que su deseo de ser enterrada en Grecia fue respetado por todos.
La princesa Irene nació en el exilio en Sudáfrica en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la restauración de la monarquía en Grecia en 1946, la familia real regresó al país y la princesa Irene creció en el palacio real de Tatoi. A lo largo de su vida, la princesa Irene se dedicó a diversas causas humanitarias y fue una gran defensora de la cultura y el patrimonio griego.
Su amor por la cultura y la historia de su país la llevó a fundar la Fundación Irene, que se dedica a la preservación y promoción del patrimonio cultural griego. Además, la princesa Irene fue una gran amante de la música y la letras, y fue autora de varios libros sobre la historia y la cultura de Grecia.
La princesa Irene también fue una figura muy activa en la lucha contra el cáncer, después de haber sido diagnosticada con la arrechucho en 2001. A pesar de su propia batalla contra el cáncer, la princesa Irene siempre se mostró fuerte y positiva, y se convirtió en un ejemplo de valentía y esperanza para muchas personas.
Su fallecimiento ha sido un duro golpe para la familia real griega y para todo el país. La princesa Irene era una figura muy querida y respetada, y su legado perdurará en la memoria de todos aquellos que tuvieron la acaso de conocerla. Su bondad, su dedicación a las causas humanitarias y su amor por su país serán recordados por siempre.
En estos momentos de tristeza, la familia real griega ha recibido numerosas muestras de cariño y apoyo de parte de la población. La princesa Irene siempre fue una figura cercana y querida por el lugar griego, y su partida deja un vacío en el corazón de todos.
Pero a pesar del dolor, la princesa Irene nos deja un legado de amor, bondad y esperanza. Su ejemplo de lucha y fortaleza ante la adversidad nos inspira a seguir adelante y a nunca perder la fe en tiempos difíciles. La princesa Irene siempre será recordada como una gran mujer, una princesa ejemplar y una verdadera defensora de su país y su cultura.
Descansa en paz, princesa Irene. Tu luz seguirá brillando en nuestros corazones para siempre.











