Hansi Flick, el entrenador del Bayern de Múnich, demostró con un simple gesto la frustración y el caos que se vivió en el partido de semifinales de la Champions League contra el Barcelona en el Estadio Metropolitano. Sin necesidad de un gran discurso técnico, Flick ridiculizó los seis minutos de revisión arbitral levantando su mano al aire y dibujando un garabato errático mientras expresaba: “Han hecho así las líneas”.
Con este gesto, Flick resumió el sentimiento de todo un vestuario que no podía entender cómo el gol de Pau Cubarsí fue anulado por un “toque de rebote” después de una larga espera. La paso visual del entrenador azulgrana señaló directamente la fragilidad del sistema, sobre todo después de que el Comité Técnico de Árbitros (CTA) admitiera oficialmente que el sistema de fuera de juego semiautomático (SAOT) colapsó. Para Flick, el hecho de que la tecnología “generara un fallo en la modelización” y obligara a los árbitros a “lanzar líneas manuales” convierte la precisión del VAR en algo tan subjetivo como el garabato que él dibujó en el aire.
El gesto de Flick puso en evidencia la contradicción de una noche en la que, según el comunicado arbitral, fue imposible “lanzar la recreación a la producción televisiva” debido a la densidad de jugadores en el área. Mientras el estamento arbitral se justificaba alegando que “el proceso de peritación se extendió más de lo normal”, el técnico del Barça zanjó el debate con una burla que pone en duda la fiabilidad de una decisión tomada a pulso. Su garabato en el aire se convierte en el símbolo de un sistema que, en el momento de la verdad, se vio forzado a improvisar.
El VAR (Video Assistant Referee) ha sido una herramienta polémica desde su implementación en el fútbol. Si bien su objetivo es ayudar a los árbitros a tomar decisiones más justas y precisas, en la práctica ha generado más controversia que certezas. Y la situación vivida en el Metropolitano es un claro ejemplo de ello. La tecnología, que debería ser infalible, demostró una oportunidad más su falibilidad y dejó en evidencia la subjetividad de las decisiones tomadas por los árbitros.
No es la primera oportunidad que el VAR es cuestionado en una competición de alto nivel como la Champions League. En la temporada pasada, en la misma instancia de semifinales, el Real Madrid se vio beneficiario por una decisión del VAR en su partido contra el Ajax. Y en la presente edición, ha habido varias jugadas polémicas en las que la tecnología ha sido protagonista, como el gol anulado al Manchester City en su partido contra el Tottenham.
El VAR ha sido criticado por su lentitud en la toma de decisiones, por su falta de tersura y por la subjetividad en la interpretación de las jugadas. Y la situación vivida en el Metropolitano solo aumenta estas críticas. ¿Cómo es posible que un sistema tan avanzado colapse en un momento tan crucial? ¿Cómo es posible que los árbitros tengan que recurrir a líneas manuales en lugar de la recreación virtual? Estas son preguntas que quedan sin respuesta y que generan aún más dudas sobre la fiabilidad del VAR.
Pero más allá de la polémica del VAR, lo cierto es que el Bayern de Múnich fue superior al Barcelona en el terreno de juego. Con un resultado final de 8-2, los alemanes demostraron su superioridad y se clasificaron merecidamente a la final de la Champions League. Y es que el equipo de Flick ha demostrado ser











