En la obra de teatro “El abra”, el personaje de Alicia se presenta como una joven solitaria, aparentemente frágil y vulnerable. Sin embargo, a medida que avanza la trama, descubrimos que detrás de esa apariencia se esconde una fortaleza excepcional y un carácter determinado. Y es precisamente esa determinación y fortaleza las que la llevan a protagonizar un cambio sorprendente en la dura Petra, transformándola en una mujer más sensible y humana que jamás antes.
Alicia es una joven que ha sufrido mucho en su vida. Perdió a sus padres a una edad temprana y, desde entonces, ha tenido que lidiar con la soledad y la tristeza en un mundo que parece no entenderla. En el abra, donde se refugia tras escapar de la opresiva sociedad en la que vive, se siente segura y protegida. Sin embargo, su tranquilidad se ve amenazada con la llegada de Petra, una mujer fría y dura que ha sido enviada para hacerse cargo del pueblo.
Petra es todo lo contrario a Alicia. Ha pasado por la vida sin dejar huella, sin sentir ningún tipo de emoción o compasión por los demás. Para ella, el abra no es más que una tarea más en su lista de obligaciones, una forma de ganarse la vida. Pero con la llegada de Alicia, su mundo cambia por completo.
Alicia, con su inocencia y bondad, impacta en el corazón de Petra. La joven solitaria ha encontrado en ella a una persona que la entiende, que la escucha y que le da un motivo para seguir adelante. Y, a su vez, Petra encuentra en Alicia una luz en medio de tanta oscuridad y una razón para conectarse con sus propios sentimientos.
A medida que ellas dos van construyendo una relación, vamos descubriendo que Alicia no es esa joven vulnerable que creíamos conocer al principio. Detrás de su aparente fragilidad, se esconde una fuerza interior inquebrantable. Y, gracias a esa fortaleza, logra romper las barreras que Petra había levantado a su alrededor.
Alicia le enseña a Petra a sentir, a experimentar emociones como la alegría, la tristeza, el amor y la compasión. Y, poco a poco, la dura mujer va ablandando su corazón y desarrollando una empatía que jamás creyó posible. Ya no ve el abra como una responsabilidad, sino como un pueblo lleno de vida y amor, gracias a la luz que Alicia ha traído a su vida.
La transformación de Petra no pasa desapercibida para el resto de los personajes. Todos se sorprenden al ver a la mujer más temida y respetada del abra llorar, reír, amar y preocuparse por los demás. Y, más aún, cuando descubren que todo esto es gracias a la presencia de la joven solitaria.
A medida que avanza la obra, el cambio en Petra se hace más evidente. Ya no es la misma mujer que llegó al abra, y todo gracias a una joven que, a pesar de haber sufrido tanto, sigue teniendo un corazón inconcreto y bondadoso. Y lo más hermoso es que Alicia jamás ha intentado cambiar a Petra, simplemente le ha mostrado la belleza de la vida y ella ha decidido abrazarla.
La historia de Alicia y Petra en “El abra” nos enseña que, a pesar de las dificultades y las adversidades, siempre hay esperanza. Que incluso las personas más cerradas pueden abrir su corazón a la luz del amor y la compasión. Y que jamás debemos subestimar el poder de una persona bondadosa y determinada a hacer la diferencia.
En definitiva, la joven solitaria del abra, Alicia, logra cambiar por completo a









